Mundo cripto: palabras, siglas y expresiones que hay que saber - El Federal Online

Cuando entramos en el mundo de las criptomonedas por primera vez, con el entusiasmo de que por fin nos haremos millonarios, o por la avidez y curiosidad de aprender para no perder el tren del futuro, nuestra reacción inicial es de pánico. Ni vamos a hacernos millonarios de un día para el otro, ni va a ser sencillo entender dónde nos hemos metido.

BTC, ETH, blockchain, algoritmo, Fiat, minero, hash rate, token, wallet, DeFi, CeFi, CBDC, DAO, CEX, DEX, USDT, USDC, NFT, Play to Earn, P2P, Web3.0, y decenas de siglas y palabras, casi todas provenientes del inglés, nos embisten a toda velocidad como si estuviéramos en el medio de una autopista sin saber para donde correr.

El universo de las criptomonedas y la tecnología blockchain es un mundo totalmente nuevo, un invento del siglo XXI, que no tiene más de 13 años de vida, pero que está creciendo a toda velocidad con la premisa de cambiar el status quo, como se decía en el siglo XX, de reemplazar la dinámica y empoderamiento del establishment económico y financiero y meterse definitivamente en nuestras vidas diarias.

Esta idea revolucionaria que ya está en marcha, este concepto, se puede desarrollar gracias a una tecnología: la Blockchain o cadena de bloques. Ahí ya nos quedamos de una pieza, tratando de entender de qué no están hablando. Hay que entender que es la blockchain para poder entender el resto.

Hasta ahora, para que nuestra vida diaria funcione, la humanidad ha tenido que gestionar y administrar gigantescas cantidades de información, antiguamente en papeles y luego en sistemas electrónicos computarizados, concentrada en lo que conocemos como las bases de datos.

Con la llegada de internet y las nuevas tecnologías de comunicación, la información empezó a fluir de forma electrónica por lo que la gestión y protección de las bases de datos se transformó en un tema crucial y también en un problema.

Las bases de datos funcionan de forma centralizada. ¿Qué quiere decir? Que son operadas por seres humanos. Tienen un administrador que las gestiona y ese administrador tiene el control de los datos, esto es la potestad de administrar, custodiar, crear, modificar, o eliminar registros. Sin el administrador, la base de datos no puede funcionar.

La tecnología blockchain o cadena de bloques viene a cambiar esto de un solo vuelco porque logra funcionar como una base de datos descentralizada, a partir de una tecnología en red que opera de forma totalmente automática, sin un administrador central ni injerencia humana, teniendo la capacidad de garantizar, por su arquitectura tecnológica, de que los datos, una vez ingresados, no pueden ser falseados, cambiados ni eliminados.

Mientras en la base de datos la relación es entre el famoso servidor y el usuario, en la blockchain la relación es entre una innumerable cantidad de nodos alrededor del mundo, esto es, computadoras que son parte de la red y comparten una copia criptográfica de cada bloque que se va creando, donde se aloja la información, segundo a segundo. Esta copia del registro que tienen los ordenadores de la cadena, es el testigo para impedir la manipulación de los datos. Cualquier modificación provocará automáticamente que el resto de la red no aprobará la acción que se está realizando, rechazándola en el acto.

Del mismo modo la creación de cada bloque de la cadena que acumula información y datos, debe ser aprobada por el resto del sistema por lo tanto esa red de computadoras ejecuta el proceso de validación para que el bloque quede y subsista.

Estas acciones en la blockchain se llaman pruebas de consenso.

¿Cómo sabemos que la blockchain es un sistema seguro? Ahí aparece Bitcoin. El programa de emisión, control y circulación de la criptomoneda por excelencia, funciona sobre una red de tecnología blockchain desde hace 13 años, en todo el planeta y con todo éxito más allá de las variaciones de su precio que tienen que ver con oferta y demanda del mercado. La gran carta de presentación de la tecnología blockchain en el mundo es Bitcoin o BTC, tal cual su abreviatura.

Este gran desarrollo de bitcoin animó a que aparecieran en menos de una década miles y miles de criptomonedas. Una, que ostenta ser la más fuerte y sólida después de bitcoin es Ethereum o como lo indica su sigla ETH.

La red blockchain sobre la que funciona Ethereum tiene una ventaja. No es solo para intercambiar criptomonedas como bitcoin, sino que su ecosistema permite crear contratos inteligentes para operaciones financieras. Llegamos así a las DeFI, que quiere decir Finanzas Descentralizadas, las que posibilitan realizar operaciones de depósitos, préstamos y ahorro en criptomonedas a cambio del pago de los intereses o recompensas correspondientes, pactando todo de modo on line con la firma de un smart contract o contrato inteligente que va a realizar automáticamente todas esas funciones, sin que haga falta un banco de por medio.

Todos estos sistemas que operan con blockchain descentralizadas a partir de protocolos automatizados se los denomina DAO u Organización Autónoma Descentralizada.

Sin embargo, el desarrollo del mercado cripto habilitó la existencia de otra variante: las CeFI o protocolos de Finanzas Centralizadas, que opera para criptomonedas, pero a través de una empresa, un intermediario con su propia red, condiciones, lo que sería un banco, pero en el mundo cripto.

El boom de las criptomonedas se reflejó cuando empezaron a aparecer las primeras plataformas de intercambio en donde además las monedas digitales se cotizan en dinero Fiat o dinero fiduciario. ¿Qué es el dinero fíat? Es el que usamos a diario, pesos, dólares, euros, etc., y que tienen el consenso de toda la sociedad. Se lo denomina así por la palabra fíat que proviene del latín y significa “hágase”, es decir, es una acción que sella un acto de confianza.

Estas plataformas de intercambios, pronto tomaron el nombre de Exchange, que en castellano quiere decir Casa de Cambios y bien las conocemos por nuestra relación histórica con el dólar.

Estas casas de cambio que son plataformas on line, son hoy la autopista central por donde pasa el mercado de criptomonedas. Hay unas 600 en el mundo, pero menos de una decena son realmente globales e importantes, prestando además del servicio de intercambio, otros servicios financieros como si se tratara de un banco.

Hay dos tipos de exchange o casas de cambio: los CEX y los DEX. Los CEX son los exchange centralizados, que operan como intermediarios en el intercambio de criptomonedas. Es el caso de Binance, Coinbase, Kraken entre otros. Estas casas de cambio cobran una comisión por el uso de la plataforma y también ofrecen las custodias de las criptos que se comercializan. Quien tiene una cuenta en estos exchange, tiene automáticamente una billetera virtual o electrónica donde guarda sus criptos dentro del exchange para operar cuando quiera.

Pero también están los DEX o exchange descentralizados, donde los usuarios intercambian criptomonedas en una plataforma descentralizada de blockchain. Aquí, la única relación, sin intermediarios, es la de los compradores y vendedores. Los DEX necesitan la liquidez de sus propios usuarios para poder operar. Uniswap, Pancakeswap y Radium están entre los más importantes.

Las criptomonedas se pueden cambiar entre sí aunque sean distintas. Pero si el usuario quiere cambiar su criptomoneda y tomarse tiempo para comprar otra sin correr el riesgo de perder dinero por una caída de los precios, pueden refugiarse en stablecoins o criptomonedas estables que cotizan siempre 1 a 1 con el dólar estadounidense. Es necesario recordar que no son dólares sino criptos que mantienen la paridad. Las dos más fuertes del mercado son USDT (dólares Theter) y USDC (dólares coin). Hay que mencionar también que le criptocrash de los últimos 50 días ha hecho tambalear las stablecoins luego de que una muy popular como UST (dólares Terra) perdiera en pocas horas la paridad con el dólar y más del 99% de su valor, arrastrado a la pérdida a millones de poseedores que no alcanzaron a venderla.

La invención de las criptomonedas estables más el éxito sostenido de bitcoin promovió que los distintos países del mundo se lanzaran a trabajar en transformar sus monedas soberanas en monedas digitales criptográficas. Son las ya nombradas CBDC (Central Bank Digital Currency), para nosotros, moneda digital del Banco Central. Hay más de 100 países trabajando en ello y entre los grandes, China ya está utilizando en prueba piloto el yuan digital o cripto. Estados Unidos por su parte, también investiga su propio proyecto, pero no tiene cripto dólares ni ninguna CBDC propia.

Una de las novedades que trajo la tecnología criptográfica en los últimos años fueron los NFT (Non-Fungible Token) o fichas no fungibles. La palabra token es el equivalente a ficha para describir un archivo criptográfico. La diferencia con las criptomonedas es que los NFT no se usan como una moneda, por eso no son fungibles. Sin embargo, sí pueden comprarse y venderse como se hace con un cuadro o cualquier otro objeto y se han llegado a pagar millones de dólares por algunos

Al contrario de las cripto, los NFT son limitados y se aprovechan hoy para representar figuras, expresiones artísticas o imágenes. Su valor principal reside en que es un archivo único que no se puede duplicar, salvo que se emita una serie del contenido.

Estos prometen a futuro ser una garantía de autenticidad para resguardar valores de falsas copias o preservar derechos de autor. Hoy, los NFT son las estrellas de los videogames en los metaversos. Todos los elementos que usan los jugadores, ya sea un arma, un animal, un vehículo, la ropa con que viste a su personaje, la casa que construye, cada uno de ellos son NFT.

Los videojuegos del metaverso, que significa más allá del universo o universo virtual, son junto con las criptomonedas, el laboratorio de ensayo de la Web3.0, que se trata de la evolución a una red de internet inteligente, totalmente fusionada con nuestra vida cotidiana y con una gestión descentralizada de la mega gigantesca cantidad de datos que se necesitará para semejante salto.

Para entender fácil, la Web1.0 fue aquella que vimos nacer a mediados de los años 90′ y que usamos para enviar e-mail, buscar contenidos y abrir páginas web. La Web2.0 es la que actualmente usamos, mucho más ágil e interconectada a nuestra vida diaria. A través de ella pagamos obligaciones, compramos y vendemos, entramos a nuestras cuentas bancarias, vemos películas, videos, trabajamos on line y miles de prestaciones más. Pero, todo este movimiento se realiza sobre bases de datos centralizadas.

La WEB3.0 irá hacia la descentralización y el acoplamiento total de la realidad vital con la realidad virtual.

Mendoza Post

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